Nunca el tiempo es perdido….

No sé si me pesan los kilos o los años, bueno vale me pesan los dos y lo sé, el tema es como llevarlos o como ir digiriéndolos. No tengo sensación de tener una crisis por ver el paso del tiempo en mi cuerpo. Es más yo las crisis con mi cuerpo las tengo desde los 15 años, pa que nos vamos a engañar mari, principalmente por esa facilidad de ensanche que tiene, pero ese es otro tema.

A mí me pesa el tiempo, como concepto de lo pasado, de lo vivido que nunca se volverá a vivir. Vale ya sé que toca vivir otras cosas pero algunas fueron muy chulas y no estaría mal repetirlas no??? Pero claro, en ese momento es cuando te das cuenta que ya no eres la misma, ni tu ni lo que te rodea y entonces solo entonces es cuando te quieres sentar a tomar un Gin tonic y contarles tus penas a otra amiga tuya que también esta rondando la cuarentena. Sigue leyendo

Septiembre

Septiembre ha sido por excelencia mi mes, ese en el que el verano llega a su fin y llega el otoño, una estación que me gusta, el mes donde cumplo años, donde mi pueblo se viste de fiesta y ahora donde he vuelto a descubrir la maternidad.

Neskatilla tuvo a bien nacer el mismo mes que su madre y escasos días antes… no me apetecía compartir fecha de cumpleaños, ya lo digo desde ahora, pero me he dado cuenta que no sirve de nada ya que el hecho de preparar sus fiestas de cumpleaños cada año cuatro días antes hará que llegue resacosa al mío propio, pero ojo los 40 no los perdonaré avisados quedáis 😉 Sigue leyendo

Tiempo de Cosecha

Mi amama solía decir aquello de “manos que no dan que esperaran “y “uno recoge lo que siembra”, todo esto con su buen acento vasco, era una mujer de campo y se le notaba y a pesar de no ser muy parlanchina, porque según ella para eso ya estaba yo y mi vena gitana, solía ser parca en palabras pero cargadas de mensajes. Nunca me dijo nada, a pesar de verme muchas tardes cerca de su delantal mientras pelaba las vainas o jugando a la brisca y los seises un sábado por la tarde, cuando sabía que mis “amigos” estaban en la plaza. Ella lo tenía claro, yo era muy diferente y ese pueblo no estaba hecho para una farandulera como yo, o no por lo menos en aquellos tiempos. Se fue como se vino, sin hacer mucho ruido y tras la estela de su hijo mayor, pero con el convencimiento de que había encontrado mi lugar y que bien poco me importaba lo que dijera el resto….y como buena amama con la tranquilidad de que al menos yo no me quedaría chica vieja. (Allí donde estés te digo que la cosa mejoró, que tienes dos bisnietos y una tercera de camino, que estamos los tres emparejados, pero….no hemos pasado por vicaría, ya nos conoces). Sigue leyendo